Taller de escritura creativa

Abrimos nueva entrada con nuestras producciones del Taller de escritura que se ha llevado a cabo en este primer trimestre con el escritor y periodista Bernardo Romero. Quiero felicitar a todos los participantes en nombre de Bernardo y el mío porque vuestros cuentos están muy bien. Vamoa a intentar editarlos, entretanto… para animar a la gente vamos a entresacar el inicio de algunos.

Escala de grises

Mariángeles Fernández

1

Londres, 11.30 a. m.

Rafa, es inútil que te engañes a ti mismo, me decía una voz interior. Ahí fuera está lloviendo, las personas sin paraguas corren de un lado a otro para no mojarse. Corren a casa, a refugiarse, a calentarse, a encontrarse con caras familiares, las que están ahí para ayudarse, personas con las que compartir aunque sean dos palabras… y tú ¿sigues empeñado en esto? ¿Realmente te parece coherente? ¿Crees que está bien?

Y así, pregunta tras pregunta, relato tras relato, mental, claro. Con más o menos énfasis, la voz siguió toda la mañana merodeando en la cabeza de Rafa. Tanto incluso que llegó hasta por la tarde, dejándolo fuera de combate en hacer todo lo que había previsto para ese día.

Por la noche consiguió dejar de pensar en eso y después de unas largas horas de insomnio, se durmió…

Las cosas que no quise decirte.

                                                                      *

Eran las 10:30 de la mañana. Una tormenta viva y enérgica golpeaba con fuerza las paredes del edificio. Eran miles las gotitas que se amontonaban en el marco de la ventana, esperando su turno para deslizarse suavemente por el cristal. La neblina impedía ver más allá de los ventanales que se distribuían a ambos lados de la clase y los alumnos  parecían estar algo alborotados.

Rafa, como siempre, víctima de su vigorosa tozudez, continuaba encerrado en la misma idea. Su balanceo sobre la silla era perfectamente palpable. La profesora seguía con la mirada, ya cansada, sus entrelazados movimientos.

-¡Rafa, por favor. Guarda la energía para después. Ahora haz los ejercicios de la página 32 al igual que es resto de tus compañeros¡-

Él, ajeno a las advertencias de su amable profesora, pensaba de nuevo en lo mismo. Y cuando hago referencia a la palabra pensar, me refiero a ese lapso temporal en el que das de bruces con todos tus problemas. Sin escudo y sin espada; una lucha frente a frente,cara a cara. En esos instantes muchas cosas pasan por tu cabeza, pero normalmente tu pasado más reciente.

-¡Rafa¡ ¿Se puede saber en que piensas ahora?- El chico agachó la cabeza mientras se disculpaba sonrojado.

Por un momento, salió de su ensimismamiento. Estaba deseoso, con miedo, ilusionado pero a la vez arrepentido, desencantado. Un ligero brillo pasaba de vez en cuando por sus ojos pero se le veía indeciso, no sabía ni siquiera que sentimientos le dominaban….

 Ángela Weicker

                                                             Y me encontré

 

Y caían las gotas en la ventana, dando golpecitos, y pegando gritos como si quisiesen escapar del frío otoñal. Mientras tanto yo estaba observando por la ventana, a las calles mojadas y a los coches flotando con cuerpos de ratas flotando recién ahogadas. Permanecía tumbado en la cama con la única luz de una vela, sin poder hacer nada, pues no había red ni podía llamar por teléfono y la iluminación no daba para hacer los deberes, puesto que sólo se veía en un pequeño radio de luz.

Cansado de ver tanta lluvia, sin poder salir desde hace semanas, con las calles cortadas y muerto de frío, me tapé aún más en mi cama esperando, a que saliera el Sol. Ya en un último intento, miré las rayas del móvil, su batería descendía, si me ponía a jugar ya no lograría ver la hora. Ya que el reloj tanto de la cocina, como el del salón, estaban averiados desde hace bastante tiempo.

Me levanté de la cama harto de quedarme dormido, y cogí un boli y una hoja de papel, que en ella escribí unas cuantas líneas, y a falto de ideas hice varios tachones los cuáles ensuciaron mi aburrimiento del día. No podía soportarlo más, alargué la mano ante la oscuridad del escritorio, y saqué un lápiz con una punta larga, de colores variados y con una goma al fin, me alegré aunque pareciese un hecho tonto pero visto las cosas por aquel momento era lo ideal….

Ruth Bovingdon 

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